En 1973, los psicólogos John Darley y Daniel Batson realizaron un experimento famoso en la Universidad de Princeton con 67 seminaristas.
El estudio, conocido como el «Experimento del Buen Samaritano», buscaba entender qué factores influyen en que una persona ayude a otra en necesidad.Dividieron a los participantes en grupos: algunos debían dar una charla sobre la parábola del Buen Samaritano, otros sobre temas más prácticos. Pero la verdadera variable era el tiempo: a algunos les dijeron que tenían que apresurarse, mientras que a otros que podían ir con calma.
En el camino, se encontraron con una persona (un actor) que aparentaba estar gravemente necesitada de ayuda.
¿El resultado?
No importaba el tema de la charla ni el nivel de fe. Lo que realmente marcó la diferencia fue la prisa: solo el 10% de los que tenían prisa se detuvieron a ayudar, mientras que el 63% de los que no la tenían sí lo hicieron. La conclusión es clara: no es la falta de valores, sino la falta de tiempo (o la sensación de urgencia) lo que nos vuelve menos empáticos y menos presentes para los demás.
En un mundo que nos exige correr y llenar cada minuto… ¿cuántas veces dejamos de ver el dolor ajeno, de conectar, de ser humanos?
¿Qué tan rápido vas en la vida? ¿La urgencia de tus tareas te está alejando de tu humanidad y de la empatía con los demás?
Roy J Rizo D’Arthenay
Business Coach
PD
«Homo sum, humani nihil a me alienum puto.» Teracio
Traducción
«Soy humano, nada de lo humano me es ajeno.» Teracio
